Aunque «redactar» y «escribir» se suelen emplear como términos
equivalentes, existe cierta diferencia, tal vez un tanto sutil. Una buena
redacción es aquella que transmite un mensaje con claridad, ajustándose a una
adecuada construcción sintáctica y respetando las normas ortotipográficas
existentes.
Una buena redacción es esencial en textos escolares y universitarios, en
obras jurídicas, en contratos y demás documentos públicos, en manuales de
procedimiento, en instrucciones de todo tipo. En estos escritos el énfasis está
puesto en lo que se dice, y no en el cómo se dice, y sobre todo en la eficacia,
esto es, que el texto cumpla su propósito (informar, persuadir, etc.). Incluso
existen ámbitos de redacción especializada, con pautas estilísticas bastante
definidas, como ocurre en la redacción comercial o la redacción científica.
Cuando se habla de “escribir bien”, en general se alude a la
expresividad literaria, a la estética que se le imprime a aquello que será
leído por placer, y no por obligación o por una necesidad de orden práctico. Se
podría decir que una correcta redacción exige un buen conocimiento de la
lengua, en tanto que una buena escritura exige, además de conocer la lengua, conocer
el alma humana.
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