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La ortografía. Es cierto que, desde un punto
de vista etimológico, la ortografía significa “correcta escritura”, pero hoy su
significado se ha ampliado y no es para nada redundante decir “buena
ortografía” o “pésima ortografía”. Se trata del conjunto de normas que se han
establecido en una lengua. Ya se ha mencionado que cada institución lingüística
en distintos países responde a los usos de su población; así que no es raro
encontrar diferencias entre región y región. La palabra “ceviche” es la más
sorprendente, pues se puede escribir “seviche”, “sebiche”, “cebiche” y
“ceviche” debido a un enredo sobre su origen. También la puntuación suele
cambiar algunas veces, como el uso de las comillas; que los ultracorrectos se empeñan
en usar éstas «» en lugar de éstas “” para citar, sin saber que aquella regla
es más usada en la península ibérica, mientras que países como México usan más
las inglesas. Así que la ortografía no es estática ni es del todo uniforme, los
ejemplos sobran: la acentuación de algunas conjugaciones en Sudamérica respecto
al resto de países hispanohablantes; el uso de la hache en algunas palabras; o
hasta la forma de separar sílabas o números después de mil. Lo importante es conocer
las normas que rigen en tu región y, además, las excepciones que tu dialecto
presenta.
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La redacción, por otro lado, sí incluye
ortografía, pero se enfoca más en el orden de las ideas en las que se presenta
un texto. Si la primera se trata sobre entender las reglas del idioma, aquí se
pone a prueba la capacidad del escritor para hablar de un tema con coherencia y
con una correcta distribución de la información. Cabe destacar que la redacción
no es un acto mecánico, pues se necesita del pensamiento previo y de las elecciones
que se toman como autor para plasmar aquello a lo que le hemos dado vueltas.
Aunque la redacción no tenga reglas fijas, sí existen recomendaciones para
guiar al autor en el proceso de la escritura. Por ejemplo, una de ellas es ser
conciso: usar menos frases rimbombantes o paja a veces puede resultar positivo,
ya que no se cansa al lector con algo que seguramente no recordará. También es
importante hablar de la claridad del texto, que dependerá de a quién se dirige
uno como escritor. Si se realiza un artículo científico para un grupo de niños
no se usará la misma redacción que si se hiciera para un grupo de químicos. Por
último, se necesita sencillez a la hora de redactar, es decir, mostrarse
natural al escribir y así evitarle al espectador un mal momento al leer algo
que parece que no lo entiende ni el escritor mismo.
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Hay dos tipos de correcciones: la ortográfica y la de estilo.
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La
primera es muy sencilla, se trata de verificar que no haya errores de
ortografía y dar formato al texto en cuanto a puntuación, espacios, letras, división
de sílabas y palabras, además del acomodo dentro de un documento, ya sea
digital o para impresión.
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Mientras
que la corrección de estilo se llama así porque es la revisión de la redacción.
El nombre es algo engañoso, pues en este tipo de corrección una de sus principales
normas es no modificar tanto el estilo del autor y respetar siempre las ideas
que propone. Se cuida el orden de éstas y que ninguna se contraponga a otra,
que la forma en que habla sea consistente durante el texto y que haya un orden
establecido entre cada párrafo. Asimismo, se fija en eliminar los vicios del
lenguaje, pues no es lo mismo hablar que escribir y muchas veces el autor
plasma los mismos errores del habla en su texto. Ambas correcciones son
importantes y se complementan una a la otra, pero debe hacerse la distinción
porque atienden a temas específicos de la escritura. Ahora ya sabes que cuando
escribas un texto no sólo es la ortografía a la que debes poner atención, sino
también a si tu texto logra lo que quisiste decir y, por supuesto, si la
presentación es adecuada.
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